Del Camino de Santiago y la Caballería

 


Aún hoy en día, en el Camino de Santiago se escucha  una canción, que recoge las virtudes de la esposa de un Caballero prisionero de los moros; y que a la espera, decide ayudar a los peregrinos a Santiago: 

Tres peregrinos piden limosna en un castillo en el camino.

Muy buenos días, Señora, los buenos días os sean dados.

Nos daría una limosna, Una limosna por favor?

Pues sí, pues sí, mis pobres, De beber y de comer.

Oh! Ni beber, ni comer.

Solamente queremos un poco de agua para lavarnos los pies.

Ella llama a la sirvienta, para que venga a lavarselos.

La criada tímida, dice que ella no quiere.

La Dama es más humilde, y se los ha lavado.

Mientras se los lavaba, pasó una claridad. 

La dama asustada, caía de rodillas.

No tengáis miedo, Señora, del mal os aguardaremos.

Somos tres Ángeles, venidos del Cielo.

La estancia de la Señora. Esta clara como el día.

La de la sirvienta, negra como un carbón. 

Al poco tiempo apareció entre los peregrinos su esposo, que lavando los pies ella a peregrinos por su anillo conoció.

Regla de Caballería:

Aquel que entra en Caballería, que entre sin vergüenza.

Felicidades a todos los Caballeros y Ballesteros en vuestro cada día. Allá a donde se encuentren, cumplen con ánimo y sin reparo lo que predicó el Siervo Caballero Justo y Santo Rey Don Fernando III, os honra en haceros dignos.

Y recordar el mensaje del Doctor en las Españas, y sucesor de Santiago Apóstol, San Isidro, al Noble AlfonsoVIII en las Navas, "aquel que siga misma Virtud será honrado".