Tradición milenaria. Tributo a la Santa Cruz

En la tradición castrense romana, en las batallas victoriosas donde huía el enemigo, se construía  en piedra un monolito conmemorativo a dicha victoria y huida.
En la Batalla de las Navas, con la tradición romana castrense aún viva en la milicia de la época, tras la huida del Califa y su ejército, y la Victoria de la coalición Cristiana Europea, en dicho lugar se construyo un monolito  conmemorativo en piedra "la Cruz de las Navas".
El Rey Alfonso VIII el de las Navas, mandó construir dicha Cruz, que fue protegida con una pequeña  ermita de rezo exterior; conocida como Ermita de Misericordia.
Obra que culminaría su nieto el Santo Fernando III el Rey-Caballero, donde comandó a la coalición de Caballeros que tras la Batalla de las Navas allí quedó, conocidos inicialmente como Milicia del Estandarte de la Señal del Cielo "Santa Cruz", denominados finalmente en el tiempo, como Reales y Nobles Gavilanes.
De los primeros cruzados de Tierra Santa, y que ya se realizaba de antiguo en Jerusalén, vino a Europa la costumbre de marcar en lugares Santos, arrastrando dedos y uñas hasta sangrar  "tributo de sangre", sangre con la que embadurnaban haciendo cruces las hojas de sus espadas y hábitos, así como marcar sus pomos de espada como tributo de penitencia y bendición para la batalla.
Reyes, Nobles, Caballeros, Clérigos y llanos  en el tiempo como peregrinación, han hecho penitencia con sus dedos y espadas en esa Cruz, concediendo bondades, curaciones y victorias militares.
Así como en la antigua Catedral de Antequera, donde el milagro de la "Lobera" espada del Santo Fernando el llamado III, que en mano del Infante Don Fernando y al grito "Que salga el sol por Antequera" Santa Victoria consagrará a Dios de los Ejércitos.


 

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